DUC IN ALTUM/A los perjudicados, garrotazos; a los criminales, abrazos.

Por Francisco X. Salazar S.

En el Diario Oficial de la Federación del 9 de noviembre pasado, la jefa de Protección Civil, Laura Velázquez (99% de lealtad, 1% de capacidad) anuncia que ya se acabó la emergencia en Acapulco. ¿En dónde vive esa señora?

Es lamentable la actitud del presidente López y sus colaboradores ante los damnificados por el huracán Otis. No solo no los recibió en su palacio, sino que fueron agredidos y golpeados a “guamazos” por los guaruras que custodian la mansión de López. Todo por pretender entrar al palacio virreinal para entregarle un documento al presidente y para decirle la realidad que están viviendo en Acapulco, Coyuca y muchos otros municipios del Estado de Guerrero, y que en sus “visitas” a Acapulco no ha podido ni querido ver.

Y es que las tres veces que ha visitado Acapulco, de pisa y corre, AMLO no se entrevista con la población. Como a lo mejor tiene miedo de que lo insulten por su falta de sensibilidad, solo se reúne con su equipo de “trabajo” e inmediatamente se regresa a dormir en su palacio, para poder estar en lo único que le importa: su mañanera.

La incipiente ayuda proporcionada por el gobierno apenas llega a cuentagotas, y la ayuda de la sociedad ya está llegando, aunque al principio los militares impidieron que organizaciones de la sociedad colaboraran. Todavía sigue acumulándose la basura, los escombros, el agua encharcada, los olores fétidos y ya empezaron las enfermedades, el drenaje no funciona, no hay donde ir al baño, hay mucho polvo que se mete a los ojos y a los pulmones. No hay taxis, ni gasolina, ni camiones y la gran mayoría de las calles siguen llenas de escombros.

Pero sobre todo preocupa a los acapulqueños la inseguridad y el control del puerto que está en manos del crimen organizado: los rusos, asociados con el Cártel de Sinaloa, y ahora también la Familia Michoacana, cercana al CJNG. ¿Y las Fuerzas Armadas? Abrazos, no balazos. Durante la rapiña al otro día del huracán, las pandillas del crimen fueron los que saquearon las tiendas y se llevaron televisores, teléfonos, computadoras, relojes y hasta cajeros automáticos de los bancos, ante la ausencia de los militares que andaban por Chilpancingo deteniendo la llegada de víveres y despensas, pasándolas a cajas del gobierno de la 4T. Los criminales ya tenían gran presencia desde antes del huracán, pero ahora el control es mucho mayor y va en aumento.

Qué bien que los grandes hoteleros, Vidanta, Slim, Las Brisas y otros amigos del gobierno, reabran algunos cuartos de sus hoteles. Y también qué bueno que Walmart, Soriana, Sams y otros grandes comerciantes vuelvan a estar en operación. Y qué bien que los bancos presten –no regalen– a tasa cero y con V de vuelta. Pero no se ha sabido que el gobierno aporte ni un centavo para los pequeños comerciantes, restaurantes y hoteleros. Para ellos no habrá más que chistes crueles deseándoles Feliz Navidad. Qué no vayan a importunar a López en su Palacio Virreinal porque tiene que estar bien descansando para lo único que sabe hacer: las mentirosas y aburridas mañaneras.

¿Y la Gobernadora y la Alcaldesa? A lo mejor andan de parranda o haciendo “cohesión social”. 

POTOSINOS ENCHILADOS

Leo Zuckermann menciona cuatro características del gobierno de López: militarismo, centralismo, clientelismo y polarización.

Militarismo: darle cada vez más dinero y poder a los militares

Centralismo: todo el poder centralizado en una persona.

Clientelismo: dar dinero o bienes materiales al mayor número posible de personas para que voten por el partido en el Poder.

Polarización: dividir la sociedad en buenos (los que apoyan incondicionalmente al poder) y malos (los que no aceptan todo lo que diga el líder).

Muy semejante a los gobiernos de Cuba, Venezuela y Nicaragua. Para allá quieren llevar a México.

Bien por el senador Primo Dothé por defender a 1,200 maestros de telesecundaria. Llevan semanas sin recibir sus salarios completos.

La imagen de la Virgen de Guadalupe en la Quebrada resistió el huracán Otis cuando todas las construcciones a sus lados se derrumbaron. Yo no sé ustedes, pero yo sí creo en los milagros.

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