Por Felipe Galindo
Más de 20 mil propuestas, planteamientos y recomendaciones recogidas directamente entre familias, colonias, comunidades y sectores productivos forman parte del primer diagnóstico ciudadano construido durante los primeros 135 días de recorrido del denominado Plan Maestro de Baja California.
En entrevista exclusiva para algrano.mx Alfredo Alvarez Cárdenas impulsor de esta iniciativa, afirmó que este no partió de un listado predeterminado de soluciones, sino de una conversación directa con la población. La estrategia consistió en llevar diversos temas a las comunidades para abrir el debate y conocer, desde la experiencia cotidiana de los ciudadanos, cuáles son los problemas que consideran más urgentes.
Familias, vecinos, pescadores, comerciantes, industriales, jóvenes y grupos con necesidades específicas participaron en este proceso de consulta.
El resultado fue un compendio de más de 20 mil propuestas, sugerencias y recomendaciones, que permitió construir un primer instrumento de diagnóstico a partir de lo que la población observa, siente y enfrenta diariamente.
La intención, explicó, fue cambiar la lógica tradicional de elaborar políticas públicas desde los escritorios y acercarse a la realidad de las comunidades: conocer sus problemas desde “los ojos” de quienes los viven y desde las necesidades que enfrentan para salir adelante cada día.
Ese trabajo dio origen a un primer documento del Plan Maestro, publicado ya en internet y presentado también en una edición impresa de circulación limitada, con 250 ejemplares.
Pero el proceso no termina ahí.
Alvarez Cárdenas precisó que el primer documento representa apenas una primera etapa. El siguiente paso será avanzar hacia un diagnóstico de carácter más estratégico, en el que los problemas identificados por la ciudadanía sean analizados desde una perspectiva de política pública y de desarrollo regional.
Indicó que uno de los resultados que más llamó la atención fue que la inseguridad no apareció como la principal prioridad entre las comunidades visitadas.
La explicación está en la manera en que los ciudadanos experimentan el problema.
Mientras el debate público suele concentrarse en la violencia vinculada con el crimen organizado y en las estrategias de seguridad de alcance nacional o binacional, en las colonias la preocupación tiene una dimensión mucho más inmediata: los asaltos, el robo de cables, el robo de tanques de gas y otros delitos que afectan directamente la vida cotidiana.
Sin embargo, frente a esas preocupaciones aparecen otras necesidades que, aunque menos espectaculares, tienen un impacto profundo en la calidad de vida.
La movilidad, por ejemplo, ocupa un lugar importante. También la iluminación de los trayectos que las personas recorren desde sus hogares hasta las paradas del transporte público para acudir a sus centros de trabajo, dijo Alvarez Cárdenas.
A ello se suman problemas de drenaje, suministro permanente de agua, infraestructura urbana, calidad de las escuelas, falta de maestros en algunas localidades y atención a necesidades específicas de las comunidades.
Es decir, el diagnóstico revela una realidad que con frecuencia queda fuera de las grandes discusiones políticas: para muchas familias, las prioridades no están necesariamente en los grandes discursos, sino en resolver aquello que les impide vivir con dignidad todos los días.
Del diagnóstico general a la gestión microrregional
Alvarez Cárdenas dimensionó que una de las principales conclusiones del proceso es la necesidad de desarrollar un modelo de gestión microrregional.
La lógica, dijo, es sencilla: no todas las comunidades tienen los mismos problemas y, por lo tanto, tampoco pueden recibir exactamente las mismas soluciones.
Una colonia puede enfrentar problemas de agua; otra, dificultades de movilidad; una más, deficiencias de infraestructura escolar o iluminación. Pretender atenderlas bajo una misma fórmula puede terminar diluyendo los recursos y dejando sin respuesta necesidades concretas.
El ejercicio realizado durante los primeros 135 días permitió precisamente identificar esas diferencias y comenzar a construir una metodología para acercar soluciones prácticas a comunidades con problemas particulares.
En ese sentido, el Plan Maestro busca convertirse no solamente en un documento de diagnóstico, sino en una herramienta para ordenar prioridades y establecer mecanismos de gestión más cercanos al territorio.
Salud, cuidados y bienestar también aparecen en el diagnóstico
Otro de los elementos destacados es la importancia que adquieren asuntos relacionados con la salud, particularmente la salud mental, así como el cuidado de niñas, niños y adolescentes.
Estos temas muestran que las necesidades de las comunidades son mucho más amplias que aquellas que tradicionalmente dominan la agenda pública.
La ausencia de empleo, por ejemplo, todavía no aparece como una de las principales preocupaciones registradas en el trabajo de campo, aunque existe conciencia de que Baja California atraviesa una etapa económica compleja y enfrenta retos en materia de generación de puestos de trabajo.
El asunto laboral, por ello, será abordado con mayor profundidad en la segunda etapa del Plan Maestro.
El empleo, un desafío estratégico
Aunque actualmente no figura entre las principales demandas cotidianas recogidas en las comunidades, el empleo es considerado un asunto estratégico para el futuro económico del estado.
La discusión estará relacionada con la necesidad de reactivar la actividad productiva de Baja California y enfrentar el actual periodo de incertidumbre, particularmente en materia de certeza jurídica.
La diferencia es importante: mientras el primer diagnóstico recoge principalmente las necesidades inmediatas de la población, la segunda etapa pretende incorporar asuntos de mayor alcance, vinculados con el desarrollo económico, la competitividad y las políticas públicas necesarias para transformar las condiciones estructurales del estado.
El segundo ejercicio está previsto para mediados de octubre, cuando se espera contar con un nuevo conjunto de propuestas y elementos para profundizar el diagnóstico.
El verdadero valor de este proceso, sin embargo, estará en lo que ocurra después de la consulta.
Recoger 20 mil propuestas puede convertirse en un ejercicio meramente estadístico si las demandas no se traducen en decisiones, presupuesto, gestión y resultados. El desafío será pasar de escuchar a actuar.
Porque una comunidad no necesita solamente que alguien registre sus problemas. Necesita que esos problemas sean atendidos.
Y ahí estará la prueba definitiva del Plan Maestro: demostrar que escuchar a la gente puede dejar de ser una práctica política ocasional para convertirse en una forma permanente de construir políticas públicas desde el territorio.

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