Por Francisco Junco
Hay preguntas que en política solamente pueden responder las urnas. Todo lo demás son encuestas, percepciones, estrategias, acuerdos, desencuentros y esa extraordinaria capacidad que tienen los políticos para convencerse de que los votos que recibieron alguna vez les pertenecen para siempre.
En León hay una pregunta que comienza a cobrar especial importancia rumbo al 2027, ¿Los votos que llevaron a Alejandra Gutiérrez a convertirse en una de las alcaldesas más votadas de la historia de León eran de Alejandra… o eran del PAN?
No es una pregunta menor. Porque Alejandra ya no está en Acción Nacional. Se fue después de más de dos décadas de militancia, cerró la puerta azul y terminó incorporándose a Movimiento Ciudadano. Pero una cosa es cambiar de partido. Y otra, muy distinta, llevarse los votos.
Para entender lo que está ocurriendo hoy en León hay que regresar algunos años. Alejandra Gutiérrez quería ser gobernadora, y no solamente quería, tenía números para competir. Una encuesta levantada en agosto de 2023, donde se preguntaba quién tendría que ser la candidata de la entonces alianza PAN-PRI-PRD a la gubernatura de Guanajuato. Alejandra Gutiérrez obtuvo 44.5%, Libia Dennise García, 39.6%. Es decir, hubo mediciones en las que Alejandra aparecía mejor posicionada que quien finalmente terminó convirtiéndose en candidata y después en gobernadora de Guanajuato.
Pero las encuestas no siempre deciden las candidaturas. La política sí. Durante aquel proceso se fueron conformando bloques claramente identificables dentro del panismo guanajuatense. Libia Dennise era considerada la carta impulsada desde el grupo del entonces gobernador Diego Sinhue Rodríguez Vallejo, mientras Alejandra Gutiérrez tenía una relación política favorable con quien encabezaba entonces al PAN nacional, Marko Cortés. Finalmente hubo negociación. Mesas. Reuniones. Acuerdos.
Y el 5 de octubre de 2023 se concretó la operación política. Libia iría por la gubernatura y Alejandra regresaría a León para buscar la reelección. El PAN lo presentó como un acuerdo de unidad. Y probablemente en ese momento lo fue. Lo que ya no resulta tan claro es cuánto duró aquella unidad.
Aquí comienza otra parte de la historia, entre los pasillos azules se cuentan que mientras se resolvía Guanajuato, Marko Cortés comenzaba a estar más preocupado por su propia sucesión dentro del PAN nacional.
Su periodo al frente del Comité Ejecutivo Nacional estaba acercándose al final y la disputa por el control nacional del PAN comenzaba a tomar forma. Finalmente sería Jorge Romero quien llegaría a la presidencia nacional. Y mientras en la Ciudad de México se acomodaban las piezas nacionales, en Guanajuato también se negociaban equilibrios.
Así, entre los panistas habrían acordado que Libia tendría el control de la administración estatal, mientras el grupo cercano al gobernador saliente conservaría espacios importantes de decisión dentro de la estructura partidista.
Alejandra aceptó competir nuevamente por León y los números de 2024 fueron contundentes, ella obtuvo 378 mil 37 votos, contra 182 mil 690 de Morena y 65 mil 824 de Movimiento Ciudadano. Más del doble que su principal adversaria. Fue una victoria que inevitablemente fortaleció su capital político, pero también fortaleció al PAN. Y ahí comenzó a incubarse la pregunta que hoy vuelve a aparecer. ¿Quién había ganado realmente aquellos 378 mil votos?, ¿Alejandra? ¿El PAN? ¿O ambos?, pero durante algún tiempo la respuesta no importó. Alejandra seguía siendo panista, Libia era gobernadora emanada del PAN y Guanajuato continuaba siendo azul. El problema llegó después.
La relación entre ambas se fue deteriorando. Desde el entorno de Alejandra comenzó a crecer la percepción de que los acuerdos políticos construidos alrededor de la sucesión de 2024 no estaban siendo correspondidos, Alejandra ya no tenía garantizada una futura candidatura a la gubernatura, dentro del panismo se habla de compromisos, pero también de incumplimientos.
Con el paso del tiempo la relación se enfrió, después se fracturó y finalmente se rompió. Alejandra renunció al PAN, su explicación fue dura, acusó ataques desde el poder y señaló a personajes de su propio partido de intentar descarrilar su gobierno. El PAN respondió en sentido contrario, rechazando que hubiera existido una operación institucional contra ella. Dos versiones. Una ruptura. Y muchos agravios acumulados.
Después vino lo inevitable. Movimiento Ciudadano abrió la puerta. Y Alejandra entró.
Pero sería demasiado sencillo explicar todo como una pelea entre Alejandra y Libia. En realidad, dentro del PAN parece estarse librando una disputa mucho más profunda.
La salida de Aldo Márquez de la dirigencia estatal modificó nuevamente los equilibrios. Dentro del PAN hay quienes interpretan los movimientos posteriores como un intento de la gobernadora Libia Dennise por incrementar su influencia y capacidad de decisión dentro del partido.
Es una lectura política, que no necesariamente es una verdad absoluta, pero existe y en ese reacomodo aparece Juanita de la Cruz, identificada al interior del panismo como una operadora política que ha sabido mantenerse cercana al poder en turno.
Para algunos azules, su presencia representa precisamente esa intención de la gobernadora de ampliar su margen de maniobra partidista, porque hay una regla no escrita del poder, los gobernadores salientes dejan grupos, los gobernadores entrantes quieren construir los propios y difícilmente alguien acepta gobernar seis años teniendo que pedir permiso a quienes ya se fueron.
Diego Sinhue dejó el gobierno, pero su grupo permanece. Libia llegó al gobierno y naturalmente busca construir su propia estructura. Entre ambas cosas quedan cargos, posiciones, dirigencias y candidaturas y ninguna candidatura es más importante que León.
Aquí comienza la verdadera historia rumbo al 2027, porque una cosa es llevarse dirigentes, operadores, regidores o estructuras y otra cosa son los ciudadanos. Las diferentes encuestas publicadas rumbo a la elección municipal de León empiezan a mostrar un escenario que merece atención.
Rubrum presentó el 24 de agosto su medición sobre las tendencias electorales para la Presidencia Municipal de León. No es la única. GobernArte coloca al PAN con 40.1%, Morena con 30.7, PRI con 10.7 y Movimiento Ciudadano apenas con 4.2%. CE Research ofrecía en junio otro escenario, en identificación partidista encontraba prácticamente un empate, PAN 40.7 y Morena 40.6%, pero cuando colocaba candidatos sobre la mesa ocurría algo interesante, Alan Márquez alcanzaba 45.1%, mientras las diferentes opciones de Morena quedaban considerablemente abajo y Movimiento Ciudadano se movía entre 3.9 y 8.8%, dependiendo del escenario.
No son encuestas matemáticamente comparables. Tienen metodologías distintas, fueron levantadas en momentos diferentes y no todas preguntan exactamente lo mismo. Pero políticamente sí permiten observar algo.
El PAN no se desplomó en León después de la salida de Alejandra, y Movimiento Ciudadano tampoco aparece, hasta ahora, recogiendo automáticamente aquel enorme capital electoral con el que Alejandra ganó en 2024. Ese dato debería preocupar en la casa naranja.
Y entonces aparece Alan Márquez, el diputado federal se perfila como uno de los nombres fuertes para buscar la candidatura del PAN a la Presidencia Municipal de León, pero no llega solo. Dentro de la geometría política del panismo guanajuatense se le identifica con el grupo construido alrededor del exgobernador Diego Sinhue y además tiene números.
CE Research lo coloca con 45.1% en determinados escenarios de competencia, pero una encuesta no necesariamente entrega una candidatura, si alguien debería saberlo perfectamente es Alejandra Gutiérrez, también tuvo encuestas favorables cuando buscaba la gubernatura y no fue candidata.
Por eso Alan puede encabezar hoy algunas mediciones y, aun así, no tener garantizada la candidatura, especialmente si la gobernadora no termina convencida de que él debe encabezar la elección en el municipio políticamente más importante del estado.
Ahí entra Jorge Espadas, el diputado local conoce al PAN, conoce la estructura y sabe perfectamente cómo se construyen las decisiones internas.
Porque si finalmente Libia no está convencida de entregar León a Alan Márquez, alguien tendrá que convertirse en alternativa, Espadas no necesita necesariamente derrotar hoy a Alan en las encuestas, necesita estar ahí cuando llegue el momento de decidir. Y es que en política muchas candidaturas no las obtiene quien arranca primero, las obtiene quien permanece sentado cuando los demás comienzan a eliminarse.
Pero no hay que olvidar a Luis Ernesto Ayala, pocos pueden discutirle trayectoria, ha sido presidente municipal de León, secretario de Gobierno, legislador y uno de los personajes con mayor experiencia dentro del panismo guanajuatense. Conoce León. Conoce al PAN y y conoce el poder, pero también carga precisamente con eso. Los años.
Su experiencia puede convertirse en una fortaleza para un partido que busque certeza, aunque su imagen comienza a proyectar el desgaste natural de una generación política que lleva mucho tiempo ocupando los espacios públicos. Ayala representa experiencia. La pregunta es si en 2027 el PAN buscará experiencia o renovación.
Y ahí está precisamente la primera parte de esta historia, porque mientras dentro del PAN se acomodan las piezas y se decide si León queda en manos del grupo de Diego Sinhue, de la nueva influencia política de Libia o de una tercera opción, afuera hay una mujer observando todos esos movimientos.
Alejandra Gutiérrez. La misma que quiso ser gobernadora, que regresó a León, que obtuvo 378 mil 37 votos, que rompió con el PAN y que ahora juega desde Movimiento Ciudadano.
La próxima semana habrá que revisar la otra mitad de la ecuación. Porque una cosa es saber quién puede quedarse con el PAN y otra muy diferente saber quién se quedó con los votos.

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